EL DOS PIES

Hace mucho tiempo, poco después de venir los españoles a estas tierras, los mayas contaban esta historia.

Dicen que un día, en la selva, nació un tigre, que en maya se llama Balam. Balam era muy hermoso, tenía la piel suave y los ojos brillantes. Conforme crecía, las garras se hacían más fuertes y los colmillos más filosos. Un día se sintió tan fuerte y bravo, que decidió que ya era tiempo de dejar a su madre y vivir solo. Su madre le dijo:

-Hijo mío, tú eres grande y fuerte, ya has aprendido a cazar tu propio alimento; todos los animales de la selva te temen. Frente a ellos no corres peligro. Sólo debes de alejarte de El dos pies. A ése nunca lo busques, es muy peligroso y puede matarte.

Balam se alejó de su madre y comenzó a caminar por la selva, pero no podía dejar de pensar en ese animal, en El dos pies.

¿Por qué debía de tenerle miedo?

¿Podría ser tan fuerte como un tigre?

No, no creía que fuera tan poderoso y decidió ir a buscarlo.

Caminando, caminando, se encontró un venado.

-¿Tú eres El dos pies? -preguntó Balam.

-No -contestó el venado-, pero no lo busques porque te puede matar.

-Eres débil y cobarde -respondió Balam, y lo aventó de un zarpazo.

Caminando, caminando, se encontró con Kambul, el pájaro amarillo.-¿Tú eres El dos pies? -preguntó Balam.

-No -contestó Kambul, pero no lo busques, por que te puede matar.

-Eres débil y cobarde -respondió Balam y lo aventó de un zarpazo.

Caminando, caminado, se encontró con otro animal. A éste no lo conocía, pero notó que era débil.

-¿Tú eres El dos pies? -preguntó Balam.

-Sí, yo soy El dos pies.

Balam comenzó a reírse.

-¿Y es de ti de quien debo huir? ¡Ja, ja, ja, eres tan débil que necesitas cubrir tu cuerpo y tus pies para que no te lastimen las espinas ni las piedras y necesitas apoyarte sobre un palo para poder caminar!

En realidad el palo era un rifle, sólo que Balam nunca había visto uno.

-¿Sabes qué? -dijo Balam-. Te voy a comer, pero como eres tan débil te voy a conceder que escojas la forma en que quieres morir.

El dos pies le contestó:

-Qué presumido eres Balam.

Te reto a un duelo. Vamos a ponernos espalda con espalda, damos diez pasos y nos volteamos para atacar.

-Está bien. Así caigo con más fuerza y acabo más rápido contigo.

Ambos se acomodaron y empezaron a contar. Los pasos resonaban sobre el suelo de la selva, uno, dos, tres, cuatro...

Los animales se asomaban con curiosidad para ver quién ganaría: cinco, seis, siete...

Todo era silencio alrededor, sólo se oía la voz de El dos pies, que contaba: ocho, nueve, diez...

Los dos se dieron vuelta. Balam dio un salto para caer sobre El dos pies, pero
él disparó su rifle.

Balam sintió que una bola de fuego le había atravesado el cuerpo.

Juntó las fuerzas que le quedaban para huir y mientras corría recordaba las palabras de su madre:

-Nunca busques a El dos pies.

Desde entonces, los tigres nunca buscan al hombre porque se acuerdan del duelo y temen a los rifles...

MEXIKO

LEYENDA MAYA

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